Espero que te guste Rouss (:
“trust I seek and I find in you
every day for us something new
open mind for a different view
and nothing else matters”
Afuera llovía a cantaros, sin embargo, el sonido de las gotas de lluvia al caer no parecían llamar tanto la tención de una joven de cabello oscuro y destellantes ojos, quien se paseaba por la pequeña casa donde vivía, sus pasos no resonaban en el piso, pues caminaba descalza y la tela de sus calcetas amortiguaban su ligero andar. El modular a todo volumen indicaba la libertad repentina que se da cuando no hay nadie en casa, solo estaba ella y aquél peculiar pero encantador chico que desde hace poco conocía, pero que había logrado forjar un increíble vínculo con ella, Zooey.
En cada rincón de la casa resonaba aquella canción que significaba tanto para ella, avanzaba por el pasillo que estaba ligado a la enorme habitación, que se veía pequeña al mostrar los usos que le daba la familia Dixon, ya que, solo una pequeña barra dividía la cocina del comedor, y al fondo de esa misma habitación, luego del comedor, estaba la sala. Con una cerveza en la mano(ya que se había descartado su embarazo) ella recorría inquieta su casa de un lado a otro, mientras que Ben, sentado en el posa-brazos del sofá la observaba andar de un lado a otro, sin decir nada, solo manteniéndose atento, escuchando aquella canción y de vez en cuando bajando la mirada hacia su cerveza que ella le había ofrecido, algo pensativo.
La fiesta de Ricky, un amigo de Zooey, que iba a celebrar su cumpleaños, se canceló a última hora por la lluvia incesable que se hizo presente algunas dos horas antes, arruinándoles a todos la noche, así que ella le propuso a Ben que se quedara en casa a acompañarla, ya que su madre tenía turno de noche en el hospital y Heath, su hermano pequeño se había ido a casa de un amigo a dormir.
Así que ahí estaban los dos, bebiendo cervezas y escuchando música, sin demasiadas
actividades que llevar a cabo.
-Toma, estás empapado- Dijo Zooey entregándole a Ben una toalla para que se secara pues del trayecto del auto a la entrada de la casa se había empapado como si hubiese caminado desde la playa hasta su hogar. –Quítate la camisa, te vas a enfermar si no- indicó ella dando un trago a su cerveza.
Ben tomó la toalla y sostuvo la cerveza entre las piernas para poder secarse –Gracias…- Y miró a Zooey fijamente cuando ella mencionó la camisa. –No es necesario- Exclamó él secándose el cabello con la toalla.
-¿Qué?, Ben, no pasa nada, no hay nadie en casa- Se encogió de hombros y sonrió un poco.
No era eso lo que inmutaba a Ben, no porque alguien estuviese en casa o no, con que ella estuviera ahí, era suficiente como para sentirse incómodo andando sin camisa y era extraño, porque por lo regular, para él era sencillo andar sin camisa, incluso en la calle, pero con ella, extrañamente las cosas cambiaban de perspectiva.
-En verdad, no creo que sea necesario…-
-Y yo no creo que de timidez tengas algo ¿O me equivoco?- Preguntó Zooey acercándose
a él y a pesar de que una de sus manos sostenía su cerveza, le ayudaba a quitarse la camisa, aunque al principio Ben no estuvo muy convencido de ello –La dejaré en la secadora, te prestaría una de mi hermano, pero dudo que te queden…-
-Así estoy bien- Exclamó respecto a la camisa del hermano, ya estaba sin camisa, y si, se sentía raramente incómodo, pero no sería tan abusivo como para molestarla más pidiéndole ropa.
-So close no matter how far, couldn't be much more from the heart, forever trusting who we are, and nothing else matters...- Le susurró al oído, mostrando una sutil sonrisa, cargando en una mano la camisa. -¿Recuerdas la canción?, no he parado de escucharla, si antes me gustaba… ahora no la puedo sacar de mi mente- Niega un poco.
Ben, elevó un poco su vista, ya que el aun permanecía sentado en el posa-brazos del sofá, y ella estaba de pié frente a él. -La recuerdo- Responde esbozando una sonrisa apenas perceptible, sin poder demostrar la alegría que le provocaba el saber que quizá, y solo quizá, Zooey gustaba más de esa canción debido a él y sus palabras.
-Iré a dejar esto en la secadora, no tardo- Dijo ella caminando por el mismo pasillo hasta perderse de vista. Desde que sucedió lo de la playa, y el primer beso, no habían tocado el tema, Ben, más que nada, por respeto hacia ella, no quería exigirle hablar de algo que ella no quisiera, y mucho menos de algo que se tratara de él, sin embargo la duda le sofocaba, preguntándose a cada momento que sería lo que pensaba Zooey de él. ¿Realmente podría suceder algo entre los dos o eran solo falsas esperanzas que su misma mente le mostraba. Dio un trago a su cerveza, la lluvia aun no paraba.
-¿Tienes hambre Ben? Porque yo si, y pienso servirme un poco de la cena que dejó mamá y que yo supuestamente no cenaría porque estaría divirtiéndome en una fiesta- Reprochaba la chica mientras regresaba por el pasillo y caminaba hacia la cocina.
-¿Eh? Ah… no tengo demasiada hambre pe…- Negó levemente y estaba a punto de decir las excusas, no le gustaba ser una molestia para nadie, y erróneamente creía que lo era para Zooey.
-Pero, vas a cenar conmigo porque a mí no me agrada cenar sola- Exclamó ella dando un par de tragos a su cerveza y por fin terminándosela, dejando la botella vacía sobre la repisa. Ben sonrió un poco, ya que, no podía negarlo, si tenía hambre y ella era tan insistente que no la convencería de lo contrario y tampoco tenía ganas de tratar.
La chica sacó el recipiente de pasta que su madre dejó para ella en el refrigerador y lo colocó sobre la barra, torció los labios y elevó su mirada azulada hacia la alacena de arriba, donde se encontraban los platos, dio un par de pequeños brincos para tratar de alcanzar los trastos pero no lo logró, debido a que ella no era demasiado alta y la alacena estaba “equívocamente” diseñada para personas altas, según Zooey.
Ben rió y se encaminó hacia la cocina para ayudarle con ello.
-De cumpleaños, te regalaré un banquito- Bromeó acercándose, colocó una mano sobre la repisa y extendió su brazo para alcanzar los trastos, bajó un par y se los entregó a Zooey, al notar que ella no respondió, él bajó la vista y pudo captar como le miraba con fijeza acorralada entre la repisa y su cuerpo, sintió un hueco en el estómago, era una de esas ocasiones en las que no se sabe si besarla, o salir huyendo, y que ella tiene el poder para hacer a una persona sentirse como el más estúpido de los hombres o el más afortunado apostador.
Y ahora estaban ahí, en silencio, mirándose uno al otro con fijeza, la luz tenue en la casa, la lluvia afuera que golpeaba con fuerza el piso, “Nothing else matters” a todo volumen, y logrando sentir cada uno la fragancia del otro, así como la respiración de cada quien. Zooey acercó sus labios a los de Ben y volvió a besarlo, con intensidad, como si hubiese estado deseando el momento desde hace tiempo, y Ben, correspondiendo de la misma manera, ella lo abrazó por el cuello y el, abrazando la fina cintura de aquél exquisito cuerpo la levantó en brazos para colocarla encima de la cocineta, sin dejar de besarse, disfrutando aquél instante. Zooey acarició el cabello de Ben, deslizando luego sus manos hacia el cuello y el pecho de este, disfrutando del contacto directo. Y él, no había dejado de acariciar la cintura de la chica, miró a Zooey por un instante sin alejarse demasiado, aun sus rostros muy cercanos, y su nariz chocando suavemente con la de ella, mientras vacilaba pensando si dejar la ropa de lado y continuar, o parar ahí; no quería ser como el idiota de Mark, no quería que las cosas pasaran si ella no lo deseaba, sin embargo, ella respondió tomando las manos de Ben y deslizándolas por debajo de la blusa. El llegó a sentir la cálida piel de Zooey, acariciando solamente su estómago y espalda baja, y así, con una mirada, ella le indicó que prosiguiera, entre los dos lograron deshacerse de la blusa que calló a un costado.
Y la noche seguía, la música también, sus besos, sus caricias y la lluvia de fondo. Dejando de analizar la situación y solo permitiendo que las cosas pasaran como debían pasar, los dos californianos se olvidaron del mundo, porque nada más importaba en ese instante, nadie más que ellos dos.
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