viernes, 26 de septiembre de 2008
Noche lluviosa
“trust I seek and I find in you
every day for us something new
open mind for a different view
and nothing else matters”
Afuera llovía a cantaros, sin embargo, el sonido de las gotas de lluvia al caer no parecían llamar tanto la tención de una joven de cabello oscuro y destellantes ojos, quien se paseaba por la pequeña casa donde vivía, sus pasos no resonaban en el piso, pues caminaba descalza y la tela de sus calcetas amortiguaban su ligero andar. El modular a todo volumen indicaba la libertad repentina que se da cuando no hay nadie en casa, solo estaba ella y aquél peculiar pero encantador chico que desde hace poco conocía, pero que había logrado forjar un increíble vínculo con ella, Zooey.
En cada rincón de la casa resonaba aquella canción que significaba tanto para ella, avanzaba por el pasillo que estaba ligado a la enorme habitación, que se veía pequeña al mostrar los usos que le daba la familia Dixon, ya que, solo una pequeña barra dividía la cocina del comedor, y al fondo de esa misma habitación, luego del comedor, estaba la sala. Con una cerveza en la mano(ya que se había descartado su embarazo) ella recorría inquieta su casa de un lado a otro, mientras que Ben, sentado en el posa-brazos del sofá la observaba andar de un lado a otro, sin decir nada, solo manteniéndose atento, escuchando aquella canción y de vez en cuando bajando la mirada hacia su cerveza que ella le había ofrecido, algo pensativo.
La fiesta de Ricky, un amigo de Zooey, que iba a celebrar su cumpleaños, se canceló a última hora por la lluvia incesable que se hizo presente algunas dos horas antes, arruinándoles a todos la noche, así que ella le propuso a Ben que se quedara en casa a acompañarla, ya que su madre tenía turno de noche en el hospital y Heath, su hermano pequeño se había ido a casa de un amigo a dormir.
Así que ahí estaban los dos, bebiendo cervezas y escuchando música, sin demasiadas
actividades que llevar a cabo.
-Toma, estás empapado- Dijo Zooey entregándole a Ben una toalla para que se secara pues del trayecto del auto a la entrada de la casa se había empapado como si hubiese caminado desde la playa hasta su hogar. –Quítate la camisa, te vas a enfermar si no- indicó ella dando un trago a su cerveza.
Ben tomó la toalla y sostuvo la cerveza entre las piernas para poder secarse –Gracias…- Y miró a Zooey fijamente cuando ella mencionó la camisa. –No es necesario- Exclamó él secándose el cabello con la toalla.
-¿Qué?, Ben, no pasa nada, no hay nadie en casa- Se encogió de hombros y sonrió un poco.
No era eso lo que inmutaba a Ben, no porque alguien estuviese en casa o no, con que ella estuviera ahí, era suficiente como para sentirse incómodo andando sin camisa y era extraño, porque por lo regular, para él era sencillo andar sin camisa, incluso en la calle, pero con ella, extrañamente las cosas cambiaban de perspectiva.
-En verdad, no creo que sea necesario…-
-Y yo no creo que de timidez tengas algo ¿O me equivoco?- Preguntó Zooey acercándose
a él y a pesar de que una de sus manos sostenía su cerveza, le ayudaba a quitarse la camisa, aunque al principio Ben no estuvo muy convencido de ello –La dejaré en la secadora, te prestaría una de mi hermano, pero dudo que te queden…-
-Así estoy bien- Exclamó respecto a la camisa del hermano, ya estaba sin camisa, y si, se sentía raramente incómodo, pero no sería tan abusivo como para molestarla más pidiéndole ropa.
-So close no matter how far, couldn't be much more from the heart, forever trusting who we are, and nothing else matters...- Le susurró al oído, mostrando una sutil sonrisa, cargando en una mano la camisa. -¿Recuerdas la canción?, no he parado de escucharla, si antes me gustaba… ahora no la puedo sacar de mi mente- Niega un poco.
Ben, elevó un poco su vista, ya que el aun permanecía sentado en el posa-brazos del sofá, y ella estaba de pié frente a él. -La recuerdo- Responde esbozando una sonrisa apenas perceptible, sin poder demostrar la alegría que le provocaba el saber que quizá, y solo quizá, Zooey gustaba más de esa canción debido a él y sus palabras.
-Iré a dejar esto en la secadora, no tardo- Dijo ella caminando por el mismo pasillo hasta perderse de vista. Desde que sucedió lo de la playa, y el primer beso, no habían tocado el tema, Ben, más que nada, por respeto hacia ella, no quería exigirle hablar de algo que ella no quisiera, y mucho menos de algo que se tratara de él, sin embargo la duda le sofocaba, preguntándose a cada momento que sería lo que pensaba Zooey de él. ¿Realmente podría suceder algo entre los dos o eran solo falsas esperanzas que su misma mente le mostraba. Dio un trago a su cerveza, la lluvia aun no paraba.
-¿Tienes hambre Ben? Porque yo si, y pienso servirme un poco de la cena que dejó mamá y que yo supuestamente no cenaría porque estaría divirtiéndome en una fiesta- Reprochaba la chica mientras regresaba por el pasillo y caminaba hacia la cocina.
-¿Eh? Ah… no tengo demasiada hambre pe…- Negó levemente y estaba a punto de decir las excusas, no le gustaba ser una molestia para nadie, y erróneamente creía que lo era para Zooey.
-Pero, vas a cenar conmigo porque a mí no me agrada cenar sola- Exclamó ella dando un par de tragos a su cerveza y por fin terminándosela, dejando la botella vacía sobre la repisa. Ben sonrió un poco, ya que, no podía negarlo, si tenía hambre y ella era tan insistente que no la convencería de lo contrario y tampoco tenía ganas de tratar.
La chica sacó el recipiente de pasta que su madre dejó para ella en el refrigerador y lo colocó sobre la barra, torció los labios y elevó su mirada azulada hacia la alacena de arriba, donde se encontraban los platos, dio un par de pequeños brincos para tratar de alcanzar los trastos pero no lo logró, debido a que ella no era demasiado alta y la alacena estaba “equívocamente” diseñada para personas altas, según Zooey.
Ben rió y se encaminó hacia la cocina para ayudarle con ello.
-De cumpleaños, te regalaré un banquito- Bromeó acercándose, colocó una mano sobre la repisa y extendió su brazo para alcanzar los trastos, bajó un par y se los entregó a Zooey, al notar que ella no respondió, él bajó la vista y pudo captar como le miraba con fijeza acorralada entre la repisa y su cuerpo, sintió un hueco en el estómago, era una de esas ocasiones en las que no se sabe si besarla, o salir huyendo, y que ella tiene el poder para hacer a una persona sentirse como el más estúpido de los hombres o el más afortunado apostador.
Y ahora estaban ahí, en silencio, mirándose uno al otro con fijeza, la luz tenue en la casa, la lluvia afuera que golpeaba con fuerza el piso, “Nothing else matters” a todo volumen, y logrando sentir cada uno la fragancia del otro, así como la respiración de cada quien. Zooey acercó sus labios a los de Ben y volvió a besarlo, con intensidad, como si hubiese estado deseando el momento desde hace tiempo, y Ben, correspondiendo de la misma manera, ella lo abrazó por el cuello y el, abrazando la fina cintura de aquél exquisito cuerpo la levantó en brazos para colocarla encima de la cocineta, sin dejar de besarse, disfrutando aquél instante. Zooey acarició el cabello de Ben, deslizando luego sus manos hacia el cuello y el pecho de este, disfrutando del contacto directo. Y él, no había dejado de acariciar la cintura de la chica, miró a Zooey por un instante sin alejarse demasiado, aun sus rostros muy cercanos, y su nariz chocando suavemente con la de ella, mientras vacilaba pensando si dejar la ropa de lado y continuar, o parar ahí; no quería ser como el idiota de Mark, no quería que las cosas pasaran si ella no lo deseaba, sin embargo, ella respondió tomando las manos de Ben y deslizándolas por debajo de la blusa. El llegó a sentir la cálida piel de Zooey, acariciando solamente su estómago y espalda baja, y así, con una mirada, ella le indicó que prosiguiera, entre los dos lograron deshacerse de la blusa que calló a un costado.
Y la noche seguía, la música también, sus besos, sus caricias y la lluvia de fondo. Dejando de analizar la situación y solo permitiendo que las cosas pasaran como debían pasar, los dos californianos se olvidaron del mundo, porque nada más importaba en ese instante, nadie más que ellos dos.
lunes, 22 de septiembre de 2008
Atardecer
Las horas habían transcurrido de manera lenta, pareciendo una incesante tortura para el Bloss, aun recordaba con exactitud lo que sucedió el día anterior en la tienda, cuando fue en busca de Alejandra para aclarar la reciente situación de Ethan y su próxima partida a parís debido a sus estudios y pedirle de favor, que asistiera al siguiente día en el muelle, pues tenía algo importante que decirle además de la noticia de su viaje.
Recorría las avenidas de Santa Mónica en su motocicleta, la cual extrañaría bastante, al igual que todas sus pertenencias o la gran mayoría que se quedarían en California, para dar paso a un viaje incierto, donde se preguntaba si surgirían cosas para bien o si aquella amargura y empeño del destino por tratarle pesimamente no tenía nada que ver con el lugar en donde se encontrara.
Estacionó su motocicleta y dejó el casco sobre esta, para así caminar playa adentro, le había indicado a Al que se verían en el muelle, ya estaba atardeciendo y los rayos del sol provocaban que el mar se coloreara de un rojo lava, una tonalidad preciosa, esa vez, el ocaso se despedía de Ethan para dejarlo partir.
A lo lejos Ethan pudo reconocer la silueta de la morena, ella estaba sentada en la orilla del muelle mirando de frente al ocaso, encarándolo, ella jamás había temido encarar a alguien, se sintió alegre porque ella fuese así, una joven independiente, capaz, inteligente.
-Gracias… por venir- Dijo el rubio para avisar que ya estaba ahí.
-Por un momento pensé en no hacerlo- Admitió ella en un tono tranquilo, pero triste, aunque parecía también de decepción, quizá eran muchas cosas las que le afectaban, agregando la frustración por sentir que lo perdía, y consideraba una ironía el perder lo que nunca llegó a tener verdaderamente.
-Al menos… estás aquí- Agregó Ethan mientras tomaba asiento al lado de Alejandra, los pies de los dos colgaban por el borde del muelle de madera, y la brisa del viento levantando algunas gotas de agua les refrescaba los rostros.
Ella lucía preciosa, su cabello suelto y algo rizado caía sobre su espalda con gracia y los rayos naranjas del sol lo hacían cambiar de un tono castaño a uno rojizo, portaba una blusa blanca de tela de manta, con algunos pliegues que le daban un aspecto fresco y unos capri de mezclilla que contrastaban con el atuendo, además de unas sandalias blancas para terminar el conjunto.
Ethan no pudo evitar mirarla algo hipnotizado, pues si ella le parecía muy bonita todo el tiempo, esa tarde, frente al ocaso, Alejandra se veía indescriptible.
-Y entonces- Agregó ella sacándolo de su trance.
-Ah, claro… Bueno, no hay mucho que decir realmente… solo, quería que estuvieras enterada que me iré hoy en la madrugada, y que no sé cuando regresaré, pero no quería irme sin despedirme de ti y poder aprovechar unos cuantos minutos… - Hace una mueca, preguntándose como continuar, soltó un suspiro y bajó su mirada –Estos últimos minutos a tu lado-
Ella volteó a mirarle, le dolía que se fuera y se sentía impotente por no poder gritarle que se quedara, que no la abandonara pues su soledad era inmensa, que tenía miedo al futuro alejada de él, sin saber lo que ocurriría en la vida del Bloss en un futuro, y lo más intrigante… ¿Dónde quedaría ella? ¿Ethan seguiría recordándola luego de aquél viaje? ¿Qué tal si el cambiaba lo suficiente para ya nisiquiera conocer el nombre de Alejandra Abella?
La oscura mirada de Al perdió el brillo que lucía en ella por el reflejo del ocaso, agachó la vista con tristeza y llevó un mechón de su cabello hacia atrás de su oreja.
-No te esfuerces por pasar un tiempo conmigo, no sientas remordimiento por no haber estado conmigo antes, después de todo, quizá, cuando regreses, yo seré una desconocida para ti- Expresó Al, acongojada.
-No digas eso, que jamás sucederá- El fijó su vista en el horizonte y luego la miró. –Por cada momento que te recuerde en aquél lugar, escribiré tu nombre en una libreta para no olvidarte, si es necesario te dibujaré hasta asegurarme que los movimientos al dibujar tus rasgos se graben en automático en mi mano, yo no te voy a olvidar. Eso es una tontería-
-Tontería es que aun te sigas engañando, Ethan, no estamos destinados, somos tan diferentes, ¿Porqué te empeñas en seguir con un sueño sin raíces? ¡Admítelo! Te marcharás, encontrarás una chica que valga la pena, eso es lo que espero que hagas, eso es lo que espero que se cumpla para poder estar conforme y asegurarme que… no importa- Soltó un suspiro, ella lo estaba dejando ir por que le amaba, porque quería lo mejor para él, y sabía que si ellos estaban juntos, el único defecto en la relación sería ella misma.
-Lamento que jamás puedas estar conforme en ese caso- Buscó en el bolsillo de su pantalón y sacó un dije de plata en forma de corazón, partido en dos a la mitad, que colgaba de una delgada cadena de plata. Tomó la mano de Al y lo colocó sobre la palma de su mano. –Cuando estés segura de quien es tu corazón, le entregarás la otra mitad a quien le corresponda. Si es a mi, me sentiré afortunado- Consultó su reloj de pulsera, ya era muy tarde y tenía que ir a preparar los últimos detalles.
Alejandra observó aquél dije de manera fija, pensativa, confusa de que hacer al ver que se iba. Pero de algo si estaba segura, sabía perfectamente a quien pertenecía aquél corazón. El nombre del dueño, era Ethan Bloss.
-Tengo que irme ahora, recuerda lo que te he dicho- Él se puso de pie y avanzó un par de pasos pero la voz de la castaña logró detenerle.
-Ethan-
Él se giró para mirarla y lo último que logró ver es a Al abalanzarse hacía él para así besarlo de manera apasionada y con tanto sentimiento como le era permitido, era un adiós, quizá un hasta luego, pero no iba a perder la oportunidad de besarlo antes de que se marchara.
Pronto tendría que abordar el avión, y prepararse para el futuro que estaba a la vuelta de la esquina, pero estaba feliz consigo mismo, porque finalmente había dicho lo necesario y aunque no todo salió como esperaba, el beso de Alejandra Abella logró que su día valiera la pena por completo.
jueves, 11 de septiembre de 2008
Clark Kent
Ahora Chloe me ayuda a buscar a Kara y a Brianiac, de algun modo se que no estan en el planeta, pero me engaño a mi mismo queriendo creer que estoy equivocado. Ella es una gran amiga, siempre esforzandose por ayudarme, sin pedir nada a cambio, es de las personas que más aprecio, que más cariño le tengo. Todo ha sido tan dificil, mas y mas conforme pasa el tiempo, mi madre es senadora del estado, y mi padre.. el era un buen hombre, honesto, valiente, me ha enseñado todo lo bueno que se, me ha enseñado a amar, cosa que los kryptonianos olvidaban..
Les diré un secreto, ahora más personas lo sabran pero.. es necesario no es así?, Mi verdadero nombre es Kal-el, vengo de una tierra lejana, un mundo con tecnología muy avanzada de nombre Krypton, planeta el cual desapareció hace tiempo atrás, a mi me enviaron en una nave a la tierra poco antes de que el planeta explotara. ¿A que me refería cuando hablaba acerca de que 'no soy normal'? bueno, es extraño decirlo o confesarlo, pero poseo habilidades que no cualquier ser humano podría tener.. Tengo superfuerza, puedo levantar un tractor con tan solo un dedo, tengo visión de calor y rayos x, es decir.. puedo ver a través de muros, también mis pulmones más desarrollados, puedo volar una puerta a kilómetros, rapidéz, oído superdesarrollado... pero aun no logro entender mi
misión en este lugar, Chloe no se cansa de decirme que estoy destinado a algo grande.. pero sinceramente, no se a lo que me debo enfrentar, he ocultado mis poderes durante todo este tiempo, solo pocas personas los conocen, y así he logrado salvar algunas vidas de peligros inimaginables.
Vivir con dos identidades, la conocida y la que no todos conocen..es realmente complicado, pero.. después de todo, se que las cosas suceden por algo. Otra cosa que les deseo pedir, no me llamen kal-el. Soy Clark, Clark Kent, para los amigos, (y para quienes no saben de mi verdadero nombre), vivo en Smallville, kansas, y por ahora solo me dedico a la granja Kent, perteneciente a mis padres, lugar donde ahora resido.
Será en otra ocasión cuando nos encontremos y espero que no sea en la próxima lluvia de meteoritos, estos, jamás traen nada bueno.
Clark K.