Las horas habían transcurrido de manera lenta, pareciendo una incesante tortura para el Bloss, aun recordaba con exactitud lo que sucedió el día anterior en la tienda, cuando fue en busca de Alejandra para aclarar la reciente situación de Ethan y su próxima partida a parís debido a sus estudios y pedirle de favor, que asistiera al siguiente día en el muelle, pues tenía algo importante que decirle además de la noticia de su viaje.
Recorría las avenidas de Santa Mónica en su motocicleta, la cual extrañaría bastante, al igual que todas sus pertenencias o la gran mayoría que se quedarían en California, para dar paso a un viaje incierto, donde se preguntaba si surgirían cosas para bien o si aquella amargura y empeño del destino por tratarle pesimamente no tenía nada que ver con el lugar en donde se encontrara.
Estacionó su motocicleta y dejó el casco sobre esta, para así caminar playa adentro, le había indicado a Al que se verían en el muelle, ya estaba atardeciendo y los rayos del sol provocaban que el mar se coloreara de un rojo lava, una tonalidad preciosa, esa vez, el ocaso se despedía de Ethan para dejarlo partir.
A lo lejos Ethan pudo reconocer la silueta de la morena, ella estaba sentada en la orilla del muelle mirando de frente al ocaso, encarándolo, ella jamás había temido encarar a alguien, se sintió alegre porque ella fuese así, una joven independiente, capaz, inteligente.
-Gracias… por venir- Dijo el rubio para avisar que ya estaba ahí.
-Por un momento pensé en no hacerlo- Admitió ella en un tono tranquilo, pero triste, aunque parecía también de decepción, quizá eran muchas cosas las que le afectaban, agregando la frustración por sentir que lo perdía, y consideraba una ironía el perder lo que nunca llegó a tener verdaderamente.
-Al menos… estás aquí- Agregó Ethan mientras tomaba asiento al lado de Alejandra, los pies de los dos colgaban por el borde del muelle de madera, y la brisa del viento levantando algunas gotas de agua les refrescaba los rostros.
Ella lucía preciosa, su cabello suelto y algo rizado caía sobre su espalda con gracia y los rayos naranjas del sol lo hacían cambiar de un tono castaño a uno rojizo, portaba una blusa blanca de tela de manta, con algunos pliegues que le daban un aspecto fresco y unos capri de mezclilla que contrastaban con el atuendo, además de unas sandalias blancas para terminar el conjunto.
Ethan no pudo evitar mirarla algo hipnotizado, pues si ella le parecía muy bonita todo el tiempo, esa tarde, frente al ocaso, Alejandra se veía indescriptible.
-Y entonces- Agregó ella sacándolo de su trance.
-Ah, claro… Bueno, no hay mucho que decir realmente… solo, quería que estuvieras enterada que me iré hoy en la madrugada, y que no sé cuando regresaré, pero no quería irme sin despedirme de ti y poder aprovechar unos cuantos minutos… - Hace una mueca, preguntándose como continuar, soltó un suspiro y bajó su mirada –Estos últimos minutos a tu lado-
Ella volteó a mirarle, le dolía que se fuera y se sentía impotente por no poder gritarle que se quedara, que no la abandonara pues su soledad era inmensa, que tenía miedo al futuro alejada de él, sin saber lo que ocurriría en la vida del Bloss en un futuro, y lo más intrigante… ¿Dónde quedaría ella? ¿Ethan seguiría recordándola luego de aquél viaje? ¿Qué tal si el cambiaba lo suficiente para ya nisiquiera conocer el nombre de Alejandra Abella?
La oscura mirada de Al perdió el brillo que lucía en ella por el reflejo del ocaso, agachó la vista con tristeza y llevó un mechón de su cabello hacia atrás de su oreja.
-No te esfuerces por pasar un tiempo conmigo, no sientas remordimiento por no haber estado conmigo antes, después de todo, quizá, cuando regreses, yo seré una desconocida para ti- Expresó Al, acongojada.
-No digas eso, que jamás sucederá- El fijó su vista en el horizonte y luego la miró. –Por cada momento que te recuerde en aquél lugar, escribiré tu nombre en una libreta para no olvidarte, si es necesario te dibujaré hasta asegurarme que los movimientos al dibujar tus rasgos se graben en automático en mi mano, yo no te voy a olvidar. Eso es una tontería-
-Tontería es que aun te sigas engañando, Ethan, no estamos destinados, somos tan diferentes, ¿Porqué te empeñas en seguir con un sueño sin raíces? ¡Admítelo! Te marcharás, encontrarás una chica que valga la pena, eso es lo que espero que hagas, eso es lo que espero que se cumpla para poder estar conforme y asegurarme que… no importa- Soltó un suspiro, ella lo estaba dejando ir por que le amaba, porque quería lo mejor para él, y sabía que si ellos estaban juntos, el único defecto en la relación sería ella misma.
-Lamento que jamás puedas estar conforme en ese caso- Buscó en el bolsillo de su pantalón y sacó un dije de plata en forma de corazón, partido en dos a la mitad, que colgaba de una delgada cadena de plata. Tomó la mano de Al y lo colocó sobre la palma de su mano. –Cuando estés segura de quien es tu corazón, le entregarás la otra mitad a quien le corresponda. Si es a mi, me sentiré afortunado- Consultó su reloj de pulsera, ya era muy tarde y tenía que ir a preparar los últimos detalles.
Alejandra observó aquél dije de manera fija, pensativa, confusa de que hacer al ver que se iba. Pero de algo si estaba segura, sabía perfectamente a quien pertenecía aquél corazón. El nombre del dueño, era Ethan Bloss.
-Tengo que irme ahora, recuerda lo que te he dicho- Él se puso de pie y avanzó un par de pasos pero la voz de la castaña logró detenerle.
-Ethan-
Él se giró para mirarla y lo último que logró ver es a Al abalanzarse hacía él para así besarlo de manera apasionada y con tanto sentimiento como le era permitido, era un adiós, quizá un hasta luego, pero no iba a perder la oportunidad de besarlo antes de que se marchara.
Pronto tendría que abordar el avión, y prepararse para el futuro que estaba a la vuelta de la esquina, pero estaba feliz consigo mismo, porque finalmente había dicho lo necesario y aunque no todo salió como esperaba, el beso de Alejandra Abella logró que su día valiera la pena por completo.
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