domingo, 19 de octubre de 2008

Cumpleaños Heath

En la casa se expandía más ruido del acostumbrado y era de esperarse, un montón de niños de 12 años se encontraban inundándola, era el cumpleaños de Heath, mi hermano menor, él y sus amigos rondaban de un lado a otro, yo, prácticamente hacía la función de niñera, ya que mamá se había ido en la tarde a trabajar, encargándome que, por lo que más quisiera, actuara de una manera madura y lograra controlar a aquellos niños para que no cometieran alguna tontería, y que no termináramos jugando golf dentro de la casa como el año pasado.

Heath y unos cuatro niños más, además de mi, estábamos sentados alrededor de la mesita de centro que se encontraba en la sala, otros estaban tumbados en el piso, sentados frente al televisor jugando Xbox, algunos entraban y salían de la casa, golpeando la puerta de rejilla una y otra vez.

-¡Al próximo que golpee esa puerta va a tener que pasar toda la noche encerrado en el baño de la casa!-Advertí con voz enérgica para que dejaran de golpear la puerta de una vez, ese sonido me exasperaba y de cierto modo debía cuidar, como me advirtió mi madre, nuestra casa.

Volví a girar la botella sobre la mesita de centro con la que habíamos estado jugando desde unos instantes antes, cuando uno de esos chiquillos, de nombre Alan, había mencionado que ya era lo suficientemente grande como para dejar de comportarse como un infante y aceptar buenos retos, entonces, accedí a mostrarle buenos retos, como toda mala influencia que me considero, por lo que les propuse a jugar a la típica ‘botella’. Lo más tradicional y sencillo existente pero igualmente divertido y por supuesto que aprovecharía la oportunidad de hacer a los niños cometer barbaridades (claro que no conllevaran a terminar tras las rejas o algo por el estilo).

- Uy, mala suerte Alan, te ha tocado de nuevo, ¿Verdad o castigo?- Pregunté con una sonrisa divertida, pobre chico, tenía la peor suerte del mundo. El me respondió con una mirada poco agradable pero a la vez con resignación.

-Castigo- Todos alzaron las cejas y lo miraron, para después clavar su mirada en mi, esperando a que dijera cual sería su castigo, esa noche descubrí que era buena castigando a los demás.

-Tu tienes que… -Miré alrededor, ¿Qué podría ser algo bochornoso para alguien de 12? –Besar a Christine durante un minuto.

-¡¿Qué?!- Preguntó incrédulo, mientras que Heath y los demás niños y niñas rieron, Alan no podía quejarse, los peores castigos se los había llevado mi hermano.

-¿Acaso tu fuiste el que dijo que era más maduro y que deseaba retos de verdad?-

Refunfuñando se puso de pie y todos comenzaron a corear de manera constante y seguida algo así como: ¡Que la bese! ¡Que la bese!. Alan, miraba hacia la mesita de centro de vez en cuando mientras se dirigía a paso lento, como si nunca quisiera llegar, al marco de la habitación de Heath donde Christine una encantadora niña de ojos grandes color verdes charlaba animadamente con una niña de cabello castaño y de penetrantes ojos oscuros de nombre Melissa.

-¡Por favor Alan! Nos volvemos viejos acá- Gritó mi hermano de manera divertida, ¡Como si el hubiese sido tan valiente!, apostaba a que nisiquiera habría podido ponerse de pie.

Todos observábamos atentos las acciones de Alan, debía admitirlo, hasta yo estaba emocionada y nerviosa por lo que iba a hacer. Si, era una sensación claramente tonta, pero inevitable. Entonces, sin previo aviso, Alan se acercó a Christine, apartó a Melissa como diciendo ‘con permiso’ y besó a Christine de una manera decidida, me sorprendí, ya que de haber sido yo Alan, no hubiese podido acercarme a la niña ni en un millón de años.

-¡WOOOOOOO!- Gritaron todos al mismo tiempo y yo aun boquiabierta solté una risa divertida. -¡Lo hizo!- Grité mientras miraba a Heath con expresión incrédula, ahora solo faltaba que duraran el minuto besándose, y al parecer lo lograría pues Christine no se veía nada molesta.

-¡Precoces!- Exclamé, podía apostar a que Alan besaba mejor que yo. Y lo había logrado. Alan regresó con una sonrisa amplia hasta su lugar ¡Y cómo no después de ese beso! Ahora era el turno de girar la botella de Alan, lo hizo y la botella señaló a un niño pelirrojo de nombre Frankie.

-Hey Frankie ¿Verdad o Castigo?- El niño se veía un poco más tímido que los demás, o eso parecía, ya que mi hermano y los otros era mucho, mucho más desenvueltos que ese chico. Sin embargo decidido eligió verdad.

-¿Cuántas.. uh cuantas veces has visto a la señora Adams cambiarse?- Con las cejas muy alzadas regresé mi vista a Alan y el solo se encogió de hombros, demostrando que no mentía.

-Cin.. cinco- Respondió Frak algo avergonzado, incluso sus mejillas se tornaron de un color rosado cuando me miró a los ojos, me reí y negué levemente. –¡Pervertido!- Le dije con una mueca, aun sorprendida de lo mucho que cambiaban los tiempos, a esa edad apenas había besado a un chico.

Frank giró la botella y esta vez, la mala suerte, fue para Heath, yo me reí sonoramente, me encantaba ver como torturaban a mi hermano, así que después de la típica pregunta el eligió castigo. –Tendrás que ir… al refrigerador y tomar una cebolla, y tendrás que morderla como si fuese una manzana, una gran mordida, después, tendrás que quedarte masticándola por al menos dos turnos- Era lo más asqueroso del mundo a mi parecer, incluso para mi hermano había sido demasiado, igual solté una carcajada sonora y esperé a que él lo hiciera.

Se levantó de su lugar y caminó hacia la cocina, obviamente, lanzando palabras anti-sonantes por lo bajo. Lo admito, grabé con mi móvil aquél invaluable momento, para después esperar a que regresara a tomar asiento. El regresó y giró la botella, sus ojos estaban rojos y lagrimeaban, no contuve mi risa, ¿Para qué? ¡Si debía admitir que el momento era de lo más divertido!.

¡Oh, Oh! Pensé para mí, la botella ahora me indicaba ¡Maldita mala suerte la mía! Ahora tendría que soportar algún castigo inmaduro de esos niños, ahora me arrepentía de haberme burlado del batido de mayonesa y algunos condimentos que hice comer a Francis, el hacer que Frankie se pusiera la ropa al revés y la lluvia de almohadones a Billy.

Heath me miró con suma malicia, odiaba esa mirada, lograba sinceramente ponerme la piel chinita, fruncí los labios, advirtiéndole con la mirada que si me hacía algo estúpido lo haría pagar durante lo que restaba del año.

-¿Verdad o Castigo?- Me preguntó como disfrutando demasiado el momento.

–Castigo- Respondí cruzándome de brazos. El observó alrededor y entrecerró los ojos clavando su mirada en Francis. –Tienes que besar a Francis-

-¡Es un niño! ¡Heath!- Reproché con cara de pocos amigos, entonces el timbre sonó, alguien llamaba a la puerta, y habían golpeado de nuevo la puerta de rejilla. -¿No les advertí sobre el castigo que tendrían si volvían a golpear la puerta?- ¡Bendito dios! Me salvaste de convertirme en una acosadora de niños. Me levanté de mi lugar y caminé hacía la puerta, atendí. –Sigan jugando- Les dije amablemente, queriéndome librar del castigo.

En la entrada, Ben me miraba con una sonrisa, una de sus encantadoras sonrisas, y esa mirada que paralizaba mi corazón, sonreí tontamente, si, ese era el efecto que causaba en mi siempre que lo veía, la sangre recorrió mi cuerpo de arriba a abajo en una milésima de segundo y mis piernas se debilitaban ¡¿Cómo él lograba hacer eso?! –Estuviste a punto de recibir un castigo- Comenté rodeándole el cuello con mis brazos, acercando mis labios a los de él para saludarlo con un cálido beso corto. –Lo siento niños, para otra ocasión será- Dije girando mi rostro hacia el grupito y sonriendo satisfecha por haberme salvado del castigo.

domingo, 12 de octubre de 2008

No vuelvas

El movil no paraba de sonar, junto con el ruido del Xbox a todo volumen, Heath gritando y saltando emocionado frente a la televisión junto al nuevo vecino que acababa de mudarse y que, para desgracia de Zooey era igual de molesto.

-No puedo creerlo Heath, no puede ser que no me ayudes en nada, cierra la boca ya y ¡Recoge tus zapatos de la sala!-

La castaña de ojos claros mientras andaba de un lado a otro con un montón de ropa entre las manos, pasó por el sofá y con un estirón de orejas llamó la atención de su hermano quien como respuesta le lanzó una mirada de recriminación.

Se encaminó hasta la lavandería donde fue a dejar la ropa que traía en las manos, tenía que dejar todo limpio para cuando su madre regresara, Zooey no tenía mucho tiempo libre pero cuando podía no dudaba en ayudar a su madre con los quehaceres del hogar.

El celular seguía sonando ¿Cuándo se cansaría de dejar de intentarlo? Caminó hasta el comedor, donde había dejado el aparato, lo tomó entre sus manos y reconoció el número, en la pantalla del móvil aparecía el nombre: “Mark”. Zooey rodó los ojos y con un suspiro de cansancio contestó, deteniendo el móvil con el hombro y su oído para así poder llevar los platos sucios al lavaplatos.

-Mark ¿Que quieres?-

-Zooey por favor, déjame hablar contigo, he tratado de localizarte por mucho tiempo, quiero darte una explicación de mi comportamiento aquella noche, estoy afuera de tu casa, prometo que será la última vez que intente hablar contigo si accedes, solo déjame hablar- Respondió él de manera rápida, aprovechando que ella no podía colgar como en otras ocasiones en las que nisiquiera le daba oportunidad de hablar.

-Afuera de mi… - soltó un suspiro y dejó los platos en su lugar para así llevar una mano a su cintura y luego de vacilar un poco decidió acceder. –Que sea rápido-
Se encaminó hacia la salida de su casa y abrió la puerta para luego avanzar hacia el final del camino que llevaba a la acera, donde un muchacho de cabellos dorados, alto y de buen ver la esperaba, recargado en el cofre de un reluciente Mustang negro.

-Zooey- Dijo el sorprendido, pues ella era bastante orgullosa y el no se esperaba que en verdad fuese a salir de su casa a hablar con él. Momentos antes estaba mirando fijamente el móvil como si este fuese a darle una idea de cómo hacer que Zooey volviese a dirigirle la palabra. Pero ahí estaba ella, frente a él, con los brazos cruzados y una expresión de pocos amigos que en tiempos anteriores el lograba borrar con unas flores y unas palabras lindas.

-¿Y de que quieres hablar?- Preguntó ignorando la luz que apareció en los ojos de Mark al momento de mirarla de nuevo.

-De… el día aquél, cuando me dijiste lo del embarazo, Zooey yo estaba asustado, no supe como reaccionar, mi futuro, el tuyo, todo estaba en juego… y –

-Y por eso decidiste zarandearme y dejarme por enésima vez en ridículo, ya veo- Dijo con resentimiento en su voz.

-No… Soy impulsivo, y que cometí un error, verte con él fue lo que más me molestó, sabes cómo me comporto, sabes que no me gustaba verte con otros… tuve celos, por eso mi reacción-Explicó el muchacho de profundos ojos celestes y cabello castaño claro el cual había caminado hasta posarse frente a ella. –Y todo se juntó, todo se acumuló, tenía problemas también Zooey, con mis padres, con todo el mundo, perderte fue lo que más me dolió-

-Mark, si realmente te importaba tanto, hubiese preferido que me lo explicaras de esa manera aquella noche, también tuve miedo, pero de ti, y yo hubiese aceptado un compromiso, hubiese aceptado que estuviésemos juntos por el bebé… Pero lo decidiste así, no hay vuelta atrás- Sonrió amargamente, era solo que, a pesar de todo lo que había pasado últimamente con él, le apreciaba, le tenía cariño pues lo conocía desde los 10 años. Sin embargo como pareja, estaba más segura que Ben sería durante toda su vida el dueño de su corazón.

La mirada celeste del chico se fijó en ella, tomó a Zooey de los hombros y espetó luego de tragar saliva, como si lo hubiese planeado desde hace mucho un: -Regresa conmigo-.

Zooey sonrió incrédula, y negó, una mueca apareció en el rostro de ella, demostrando una respuesta más que obvia. –Lo lamento, pero ni tu me amas ni yo a ti-

-Yo si- Insistió él sin soltarla, lo que hizo a Zooey sentír algo de nerviosismo, creía que en cualquier momento la estrujaría como en aquella noche.

-Pues yo no, amo a Ben, el estuvo conmigo todo este tiempo, me mostró que se sentía amar… Yo no puedo volver- Negó y se movió un poco para que el la soltara de una vez, sin embargo el no la dejó ir.

-Por favor…- Y se acercó lo suficiente como para sentir la respiración el uno del otro, sus ojos se fijaron en los de ella y después en sus labios, labios que había extrañado bastante, aroma a mujer que lo volvía loco desde hace mucho tiempo, y tenía tantas ansias por acariciar la piel de aquella chica como en aquellas ocasiones.

-No, no puedo creer que cuando te enteras que todo ha sido una falsa alarma, que el embarazo jamás existió solo como un error, pretendas que volvamos como si nada hubiese sucedido, me heriste, me hiciste sentir como la peor de las personas, como una tonta, esta vez no hay paso atrás… Y esta decisión es para siempre- Respondió ella, bajando su mirada, pensando en Ben, en todas las cosas lindas que pasó con él, sus sonrisas y la forma en que la miraba, la manera en que la trataba y que, primero que todas las cosas, para Benjamin Goldstein lo más importante era Zooey. –Porque estoy comprometida. Y me casaré con él-

-¿Qué?- Preguntó Mark negándose a creerlo -¿Te casaras con él?... Con… Zooey no bromees con eso, tu no puedes casarte con él, el no es para ti- Exclamó él, negándose a creer que la mujer de su vida se hubiese comprometido con alguien como Benjamin Goldstein -Zooey escúchame, yo te amo, no puedes casarte… porque sin ti mi mundo no funciona, no sabes cuanto te extraño, cuanto pienso en ti, no sabes cuanta falta me haces-

-Lo lamento- Dijo ella tomando las manos de Mark para que la soltara, negando suavemente, sin embargo el no la dejó ir y ella comenzaba a desesperarse.

Mark aún con su rostro tan cerca del rostro de Zooey, y sin previo aviso, acercó sus labios a los de ella, la besó, por el simple capricho de querer tenerla cerca de nuevo, rodeó la delicada cintura de Zooey con sus brazos y le robó el beso que deseaba desde hace mucho. Sin embargo ella no lo correspondió, lo empujó hacia atrás, con la suficiente fuerza como para tener que detenerse con el auto.


-Jamás, jamás vuelvas a hacer algo como eso, ¡No es posible que seas tan cobarde! No vuelvas a buscarme, Mark, soy solo un capricho de los tuyos. Tengo a alguien a quien amar, una persona por la cual sentirme viva, y el… es lo mejor que me ha pasado.- soltó un suspiro de cansancio -No vuelvas…Nunca- Dijo en voz baja después de retroceder un par de pasos se giró, dando la espalda al chico y así avanzó por el camino del antejardín que conducía a la entrada de su casa, se giró para darle una última mirada y así ingresó a su hogar.

viernes, 26 de septiembre de 2008

Noche lluviosa

Espero que te guste Rouss (:

“trust I seek and I find in you
every day for us something new
open mind for a different view
and nothing else matters”

Afuera llovía a cantaros, sin embargo, el sonido de las gotas de lluvia al caer no parecían llamar tanto la tención de una joven de cabello oscuro y destellantes ojos, quien se paseaba por la pequeña casa donde vivía, sus pasos no resonaban en el piso, pues caminaba descalza y la tela de sus calcetas amortiguaban su ligero andar. El modular a todo volumen indicaba la libertad repentina que se da cuando no hay nadie en casa, solo estaba ella y aquél peculiar pero encantador chico que desde hace poco conocía, pero que había logrado forjar un increíble vínculo con ella, Zooey.

En cada rincón de la casa resonaba aquella canción que significaba tanto para ella, avanzaba por el pasillo que estaba ligado a la enorme habitación, que se veía pequeña al mostrar los usos que le daba la familia Dixon, ya que, solo una pequeña barra dividía la cocina del comedor, y al fondo de esa misma habitación, luego del comedor, estaba la sala. Con una cerveza en la mano(ya que se había descartado su embarazo) ella recorría inquieta su casa de un lado a otro, mientras que Ben, sentado en el posa-brazos del sofá la observaba andar de un lado a otro, sin decir nada, solo manteniéndose atento, escuchando aquella canción y de vez en cuando bajando la mirada hacia su cerveza que ella le había ofrecido, algo pensativo.

La fiesta de Ricky, un amigo de Zooey, que iba a celebrar su cumpleaños, se canceló a última hora por la lluvia incesable que se hizo presente algunas dos horas antes, arruinándoles a todos la noche, así que ella le propuso a Ben que se quedara en casa a acompañarla, ya que su madre tenía turno de noche en el hospital y Heath, su hermano pequeño se había ido a casa de un amigo a dormir.

Así que ahí estaban los dos, bebiendo cervezas y escuchando música, sin demasiadas
actividades que llevar a cabo.


-Toma, estás empapado- Dijo Zooey entregándole a Ben una toalla para que se secara pues del trayecto del auto a la entrada de la casa se había empapado como si hubiese caminado desde la playa hasta su hogar. –Quítate la camisa, te vas a enfermar si no- indicó ella dando un trago a su cerveza.

Ben tomó la toalla y sostuvo la cerveza entre las piernas para poder secarse –Gracias…- Y miró a Zooey fijamente cuando ella mencionó la camisa. –No es necesario- Exclamó él secándose el cabello con la toalla.

-¿Qué?, Ben, no pasa nada, no hay nadie en casa- Se encogió de hombros y sonrió un poco.

No era eso lo que inmutaba a Ben, no porque alguien estuviese en casa o no, con que ella estuviera ahí, era suficiente como para sentirse incómodo andando sin camisa y era extraño, porque por lo regular, para él era sencillo andar sin camisa, incluso en la calle, pero con ella, extrañamente las cosas cambiaban de perspectiva.

-En verdad, no creo que sea necesario…-

-Y yo no creo que de timidez tengas algo ¿O me equivoco?- Preguntó Zooey acercándose
a él y a pesar de que una de sus manos sostenía su cerveza, le ayudaba a quitarse la camisa, aunque al principio Ben no estuvo muy convencido de ello –La dejaré en la secadora, te prestaría una de mi hermano, pero dudo que te queden…-

-Así estoy bien- Exclamó respecto a la camisa del hermano, ya estaba sin camisa, y si, se sentía raramente incómodo, pero no sería tan abusivo como para molestarla más pidiéndole ropa.

-So close no matter how far, couldn't be much more from the heart, forever trusting who we are, and nothing else matters...- Le susurró al oído, mostrando una sutil sonrisa, cargando en una mano la camisa. -¿Recuerdas la canción?, no he parado de escucharla, si antes me gustaba… ahora no la puedo sacar de mi mente- Niega un poco.

Ben, elevó un poco su vista, ya que el aun permanecía sentado en el posa-brazos del sofá, y ella estaba de pié frente a él. -La recuerdo- Responde esbozando una sonrisa apenas perceptible, sin poder demostrar la alegría que le provocaba el saber que quizá, y solo quizá, Zooey gustaba más de esa canción debido a él y sus palabras.

-Iré a dejar esto en la secadora, no tardo- Dijo ella caminando por el mismo pasillo hasta perderse de vista. Desde que sucedió lo de la playa, y el primer beso, no habían tocado el tema, Ben, más que nada, por respeto hacia ella, no quería exigirle hablar de algo que ella no quisiera, y mucho menos de algo que se tratara de él, sin embargo la duda le sofocaba, preguntándose a cada momento que sería lo que pensaba Zooey de él. ¿Realmente podría suceder algo entre los dos o eran solo falsas esperanzas que su misma mente le mostraba. Dio un trago a su cerveza, la lluvia aun no paraba.

-¿Tienes hambre Ben? Porque yo si, y pienso servirme un poco de la cena que dejó mamá y que yo supuestamente no cenaría porque estaría divirtiéndome en una fiesta- Reprochaba la chica mientras regresaba por el pasillo y caminaba hacia la cocina.

-¿Eh? Ah… no tengo demasiada hambre pe…- Negó levemente y estaba a punto de decir las excusas, no le gustaba ser una molestia para nadie, y erróneamente creía que lo era para Zooey.

-Pero, vas a cenar conmigo porque a mí no me agrada cenar sola- Exclamó ella dando un par de tragos a su cerveza y por fin terminándosela, dejando la botella vacía sobre la repisa. Ben sonrió un poco, ya que, no podía negarlo, si tenía hambre y ella era tan insistente que no la convencería de lo contrario y tampoco tenía ganas de tratar.

La chica sacó el recipiente de pasta que su madre dejó para ella en el refrigerador y lo colocó sobre la barra, torció los labios y elevó su mirada azulada hacia la alacena de arriba, donde se encontraban los platos, dio un par de pequeños brincos para tratar de alcanzar los trastos pero no lo logró, debido a que ella no era demasiado alta y la alacena estaba “equívocamente” diseñada para personas altas, según Zooey.

Ben rió y se encaminó hacia la cocina para ayudarle con ello.

-De cumpleaños, te regalaré un banquito- Bromeó acercándose, colocó una mano sobre la repisa y extendió su brazo para alcanzar los trastos, bajó un par y se los entregó a Zooey, al notar que ella no respondió, él bajó la vista y pudo captar como le miraba con fijeza acorralada entre la repisa y su cuerpo, sintió un hueco en el estómago, era una de esas ocasiones en las que no se sabe si besarla, o salir huyendo, y que ella tiene el poder para hacer a una persona sentirse como el más estúpido de los hombres o el más afortunado apostador.

Y ahora estaban ahí, en silencio, mirándose uno al otro con fijeza, la luz tenue en la casa, la lluvia afuera que golpeaba con fuerza el piso, “Nothing else matters” a todo volumen, y logrando sentir cada uno la fragancia del otro, así como la respiración de cada quien. Zooey acercó sus labios a los de Ben y volvió a besarlo, con intensidad, como si hubiese estado deseando el momento desde hace tiempo, y Ben, correspondiendo de la misma manera, ella lo abrazó por el cuello y el, abrazando la fina cintura de aquél exquisito cuerpo la levantó en brazos para colocarla encima de la cocineta, sin dejar de besarse, disfrutando aquél instante. Zooey acarició el cabello de Ben, deslizando luego sus manos hacia el cuello y el pecho de este, disfrutando del contacto directo. Y él, no había dejado de acariciar la cintura de la chica, miró a Zooey por un instante sin alejarse demasiado, aun sus rostros muy cercanos, y su nariz chocando suavemente con la de ella, mientras vacilaba pensando si dejar la ropa de lado y continuar, o parar ahí; no quería ser como el idiota de Mark, no quería que las cosas pasaran si ella no lo deseaba, sin embargo, ella respondió tomando las manos de Ben y deslizándolas por debajo de la blusa. El llegó a sentir la cálida piel de Zooey, acariciando solamente su estómago y espalda baja, y así, con una mirada, ella le indicó que prosiguiera, entre los dos lograron deshacerse de la blusa que calló a un costado.

Y la noche seguía, la música también, sus besos, sus caricias y la lluvia de fondo. Dejando de analizar la situación y solo permitiendo que las cosas pasaran como debían pasar, los dos californianos se olvidaron del mundo, porque nada más importaba en ese instante, nadie más que ellos dos.