En la casa se expandía más ruido del acostumbrado y era de esperarse, un montón de niños de 12 años se encontraban inundándola, era el cumpleaños de Heath, mi hermano menor, él y sus amigos rondaban de un lado a otro, yo, prácticamente hacía la función de niñera, ya que mamá se había ido en la tarde a trabajar, encargándome que, por lo que más quisiera, actuara de una manera madura y lograra controlar a aquellos niños para que no cometieran alguna tontería, y que no termináramos jugando golf dentro de la casa como el año pasado.
Heath y unos cuatro niños más, además de mi, estábamos sentados alrededor de la mesita de centro que se encontraba en la sala, otros estaban tumbados en el piso, sentados frente al televisor jugando Xbox, algunos entraban y salían de la casa, golpeando la puerta de rejilla una y otra vez.
-¡Al próximo que golpee esa puerta va a tener que pasar toda la noche encerrado en el baño de la casa!-Advertí con voz enérgica para que dejaran de golpear la puerta de una vez, ese sonido me exasperaba y de cierto modo debía cuidar, como me advirtió mi madre, nuestra casa.
Volví a girar la botella sobre la mesita de centro con la que habíamos estado jugando desde unos instantes antes, cuando uno de esos chiquillos, de nombre Alan, había mencionado que ya era lo suficientemente grande como para dejar de comportarse como un infante y aceptar buenos retos, entonces, accedí a mostrarle buenos retos, como toda mala influencia que me considero, por lo que les propuse a jugar a la típica ‘botella’. Lo más tradicional y sencillo existente pero igualmente divertido y por supuesto que aprovecharía la oportunidad de hacer a los niños cometer barbaridades (claro que no conllevaran a terminar tras las rejas o algo por el estilo).
- Uy, mala suerte Alan, te ha tocado de nuevo, ¿Verdad o castigo?- Pregunté con una sonrisa divertida, pobre chico, tenía la peor suerte del mundo. El me respondió con una mirada poco agradable pero a la vez con resignación.
-Castigo- Todos alzaron las cejas y lo miraron, para después clavar su mirada en mi, esperando a que dijera cual sería su castigo, esa noche descubrí que era buena castigando a los demás.
-Tu tienes que… -Miré alrededor, ¿Qué podría ser algo bochornoso para alguien de 12? –Besar a Christine durante un minuto.
-¡¿Qué?!- Preguntó incrédulo, mientras que Heath y los demás niños y niñas rieron, Alan no podía quejarse, los peores castigos se los había llevado mi hermano.
-¿Acaso tu fuiste el que dijo que era más maduro y que deseaba retos de verdad?-
Refunfuñando se puso de pie y todos comenzaron a corear de manera constante y seguida algo así como: ¡Que la bese! ¡Que la bese!. Alan, miraba hacia la mesita de centro de vez en cuando mientras se dirigía a paso lento, como si nunca quisiera llegar, al marco de la habitación de Heath donde Christine una encantadora niña de ojos grandes color verdes charlaba animadamente con una niña de cabello castaño y de penetrantes ojos oscuros de nombre Melissa.
-¡Por favor Alan! Nos volvemos viejos acá- Gritó mi hermano de manera divertida, ¡Como si el hubiese sido tan valiente!, apostaba a que nisiquiera habría podido ponerse de pie.
Todos observábamos atentos las acciones de Alan, debía admitirlo, hasta yo estaba emocionada y nerviosa por lo que iba a hacer. Si, era una sensación claramente tonta, pero inevitable. Entonces, sin previo aviso, Alan se acercó a Christine, apartó a Melissa como diciendo ‘con permiso’ y besó a Christine de una manera decidida, me sorprendí, ya que de haber sido yo Alan, no hubiese podido acercarme a la niña ni en un millón de años.
-¡WOOOOOOO!- Gritaron todos al mismo tiempo y yo aun boquiabierta solté una risa divertida. -¡Lo hizo!- Grité mientras miraba a Heath con expresión incrédula, ahora solo faltaba que duraran el minuto besándose, y al parecer lo lograría pues Christine no se veía nada molesta.
-¡Precoces!- Exclamé, podía apostar a que Alan besaba mejor que yo. Y lo había logrado. Alan regresó con una sonrisa amplia hasta su lugar ¡Y cómo no después de ese beso! Ahora era el turno de girar la botella de Alan, lo hizo y la botella señaló a un niño pelirrojo de nombre Frankie.
-Hey Frankie ¿Verdad o Castigo?- El niño se veía un poco más tímido que los demás, o eso parecía, ya que mi hermano y los otros era mucho, mucho más desenvueltos que ese chico. Sin embargo decidido eligió verdad.
-¿Cuántas.. uh cuantas veces has visto a la señora Adams cambiarse?- Con las cejas muy alzadas regresé mi vista a Alan y el solo se encogió de hombros, demostrando que no mentía.
-Cin.. cinco- Respondió Frak algo avergonzado, incluso sus mejillas se tornaron de un color rosado cuando me miró a los ojos, me reí y negué levemente. –¡Pervertido!- Le dije con una mueca, aun sorprendida de lo mucho que cambiaban los tiempos, a esa edad apenas había besado a un chico.
Frank giró la botella y esta vez, la mala suerte, fue para Heath, yo me reí sonoramente, me encantaba ver como torturaban a mi hermano, así que después de la típica pregunta el eligió castigo. –Tendrás que ir… al refrigerador y tomar una cebolla, y tendrás que morderla como si fuese una manzana, una gran mordida, después, tendrás que quedarte masticándola por al menos dos turnos- Era lo más asqueroso del mundo a mi parecer, incluso para mi hermano había sido demasiado, igual solté una carcajada sonora y esperé a que él lo hiciera.
Se levantó de su lugar y caminó hacia la cocina, obviamente, lanzando palabras anti-sonantes por lo bajo. Lo admito, grabé con mi móvil aquél invaluable momento, para después esperar a que regresara a tomar asiento. El regresó y giró la botella, sus ojos estaban rojos y lagrimeaban, no contuve mi risa, ¿Para qué? ¡Si debía admitir que el momento era de lo más divertido!.
¡Oh, Oh! Pensé para mí, la botella ahora me indicaba ¡Maldita mala suerte la mía! Ahora tendría que soportar algún castigo inmaduro de esos niños, ahora me arrepentía de haberme burlado del batido de mayonesa y algunos condimentos que hice comer a Francis, el hacer que Frankie se pusiera la ropa al revés y la lluvia de almohadones a Billy.
Heath me miró con suma malicia, odiaba esa mirada, lograba sinceramente ponerme la piel chinita, fruncí los labios, advirtiéndole con la mirada que si me hacía algo estúpido lo haría pagar durante lo que restaba del año.
-¿Verdad o Castigo?- Me preguntó como disfrutando demasiado el momento.
–Castigo- Respondí cruzándome de brazos. El observó alrededor y entrecerró los ojos clavando su mirada en Francis. –Tienes que besar a Francis-
-¡Es un niño! ¡Heath!- Reproché con cara de pocos amigos, entonces el timbre sonó, alguien llamaba a la puerta, y habían golpeado de nuevo la puerta de rejilla. -¿No les advertí sobre el castigo que tendrían si volvían a golpear la puerta?- ¡Bendito dios! Me salvaste de convertirme en una acosadora de niños. Me levanté de mi lugar y caminé hacía la puerta, atendí. –Sigan jugando- Les dije amablemente, queriéndome librar del castigo.
En la entrada, Ben me miraba con una sonrisa, una de sus encantadoras sonrisas, y esa mirada que paralizaba mi corazón, sonreí tontamente, si, ese era el efecto que causaba en mi siempre que lo veía, la sangre recorrió mi cuerpo de arriba a abajo en una milésima de segundo y mis piernas se debilitaban ¡¿Cómo él lograba hacer eso?! –Estuviste a punto de recibir un castigo- Comenté rodeándole el cuello con mis brazos, acercando mis labios a los de él para saludarlo con un cálido beso corto. –Lo siento niños, para otra ocasión será- Dije girando mi rostro hacia el grupito y sonriendo satisfecha por haberme salvado del castigo.
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